Enamórate de ti, de tus defectos, tus virtudes, de tu capacidad para
sentir, gustar, atraer, mirar y que te miren.
Enamórate de tu vida, del trabajo, de la familia y comparte con ellos tu ilusión, tu alegría y tu ganas de avanzar cada día, de aprender y de mejorar.
Enamórate de tu cuerpo, de tus manos, de lo que te hacen descubrir, de tus pies, de lo que soportan a diario, de tu culo, donde te apoyas cuando estás cansada...
Enamórate de tus amigos, de sus historias, de sus consejos, de lo que te
aportan. De todo lo vivido, del presente y de lo que quede por vivir.
Enamórate de los juegos, de las caras, de lo que ríes cuando nadie te entiende, pero tú sí.
Enamórate del silencio.
Y de las personas que te aceptan, de las que escuchan cuando no
hablas, de las que explican cuando no entiendes, de las que intervienen sin
pedir.
Enamórate del paisaje, de la luna, las estrellas, de todo cuanto te
rodea. Hasta de las piedras del camino que tienen forma de propuestas.
Enamórate de quien te encuentra sin preguntar, de quien no moleste aunque pregunte, de quien te mantiene la mirada sin pestañear, de quien acaricia
tu cabello sin buscar más, de quién sabe cómo estás y te abraza porque sí.
Enamórate de quien es capaz de expresar, aún con miedo a fallar, de quien
lo intenta sin cesar, de quien se levanta y continúa, de quien te anima para que tú continúes también, de quien respeta tu
intimidad, el espacio vital y no expone sin criterio.
Enamórate de una mente abierta, de un corazón amable, de un espíritu libre y de un cuerpo, tal y como sea.
Enamórate sin preámbulos, sin miedo a los cambios, con la cabeza alta y
una sonrisa en la cara.
Enamórate de la música (que amansa a las fieras) del arte (que produce
encuentros estelares) de los animales que habitan contigo en este planeta, del deporte (que te mantiene con vida).
Enamórate de tus sueños, de tus verdades, del pasado, pero sobre todo,
del presente. Del futuro también, pero no quieras correr.
Enamórate sin ocultar, sin desear cambiar a otros, sin sospechar. Regala felicidad, amor, amistad, comprensión, compasión, sinceridad y ecuanimidad.
Encuentra el modo de mantener la serenidad.
Haz y deja hacer. Sé y deja ser. Somos cuerpos enteros, no somos medias naranjas. Eres autosuficiente y vales mucho como persona, incluso, siendo solo una sola persona.
Enamórate de tu ciudad, de la cama y de tu despertar. De los muebles que te acompañan, de las cortinas y los libros.
Enamórate del buen comer, del buen hacer y del buen deshacer.
Enamórate sin poseer, sin cortar las alas de quién te
vayas a enamorar. Sin querer adiestrar y sí deseando disfrutar, compartir, aprender, y, sobre todo, amar.
Enamórate de aprender sola y en compañía, pero no dejes de aprender.
Enamórate, porque cuando lo hagas vivirás libre, sin miedo a callar, sin disimular y sin divagar en si sentará bien o mal.
Enamórate para amar, porque lo demás está muy visto ya.
En resumen:
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Enamórate de ti misma sin juzgar a nadie más.
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Enamórate de ti misma, porque te vas a necesitar.
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Enamórate de ti misma y no finjas más.
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Enamórate de ti misma y disfruta de amar.
La endo te aleja, en ocasiones, de los seres queridos, porque tú misma te aislas. Yo lo hice, pero quien ama, siempre está.
No es que den igual los errores que cometas a causa del dolor o la incomprensión asocial. Solo es que cediste demasiado terreno a esa arista de tu vida que llega a martirizar.
Solicita ayuda, porque no estás sola y hay muchas más personas dispuestas a ayudar que lo que puedas llegar a imaginar.
De corazón, permite que otros te apoyen y date las gracias, porque, en ocasiones, no sirve ser solo agradecido con el exterior, que también, pero es importante que te agradezcas a ti, por llegar hasta aquí.
#endopacífica
❤
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